En el Día de Malvinas, el presidente propuso «seducir» a los kelpers y desató una tormenta de críticas. UCR, CC-ARI y peronismo lo acusan de traicionar la soberanía y honrar a Thatcher. Un nuevo traspié del libertario
El presidente Javier Milei volvió a encender la polémica este 2 de abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, con un discurso que desató una avalancha de críticas desde los principales sectores de la oposición argentina. En un acto realizado en la Plaza San Martín de Retiro, el mandatario libertario planteó una visión poco convencional sobre el reclamo histórico de soberanía de las Islas Malvinas, afirmando que busca convertir a Argentina en «una potencia tal que los malvinenses decidan votarnos con los pies».
Estas declaraciones, lejos de apaciguar las tensiones, provocaron una reacción inmediata y feroz de la Unión Cívica Radical (UCR), la Coalición Cívica-ARI (CC-ARI) y el peronismo, quienes acusaron al jefe de Estado de traicionar la causa nacional y deshonrar a los excombatientes.
Un discurso que rompió con la tradición
En su alocución, transmitida por cadena nacional, Milei evitó condenar explícitamente la ocupación británica de las islas, un punto que históricamente ha sido un pilar del reclamo argentino. En cambio, propuso una estrategia de seducción económica y diplomática: «Anhelamos que los malvinenses prefieran ser argentinos sin necesidad de disuasión o convencimiento». Además, cargó contra la «casta política» por el supuesto fracaso en las gestiones previas y reivindicó el rol de las Fuerzas Armadas, anunciando un ascenso a subtenientes de reserva para veteranos del conflicto.
Sin embargo, lo que Milei presentó como una visión innovadora fue interpretado por la oposición como una claudicación encubierta y un guiño a la autodeterminación de los habitantes de las islas, conocidos como kelpers, algo que choca frontalmente con la postura histórica de Argentina, consagrada en la Constitución Nacional.
La UCR: «Un insulto a los excombatientes»
La Unión Cívica Radical, liderada por el senador Martín Lousteau, no tardó en salir al cruce. En un comunicado oficial, la UCR reafirmó su posición «irrenunciable» sobre las Malvinas y calificó el discurso de Milei como «un insulto a los excombatientes y una afrenta al reclamo legítimo de la soberanía argentina». Lousteau, en declaraciones a la prensa, fue más allá: «Hablar de que los kelpers elijan ser argentinos es desconocer la historia y el derecho internacional. Es una postura que debilita nuestra causa y ofende a quienes dieron la vida por las islas».
El partido centenario, que históricamente ha defendido una postura firme en el tema Malvinas, acusó al presidente de priorizar su ideología liberal por sobre los intereses nacionales, recordando su conocida admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante el conflicto de 1982.
CC-ARI: «Milei entrega las Malvinas»
Desde la Coalición Cívica-ARI, la reacción fue igualmente contundente. La exdiputada Elisa Carrió, referente del espacio, utilizó sus redes sociales para arremeter contra el mandatario: «Milei entrega las Malvinas con un discurso vacío y funcional a los intereses británicos. La soberanía no se negocia ni se seduce, se defiende».
El partido, que forma parte de la coalición Juntos por el Cambio, criticó la falta de una condena explícita a la usurpación británica desde 1833 y señaló que las palabras del presidente «abren la puerta a la autodeterminación de una población implantada por el colonialismo».
El peronismo: «Traición a la patria»
El peronismo, tanto en su vertiente kirchnerista como en otros sectores, también se sumó al coro de críticas con un tono particularmente duro. La expresidenta Cristina Kirchner compartió en X un fragmento de un documento del Partido Justicialista que acusa a Milei de «sobreideologización, desfinanciamiento y mala praxis diplomática» en la cuestión Malvinas. «Un país soberano debe ser primero un país próspero, dice Milei, pero su política nos aleja cada vez más de esa meta», escribió Kirchner, acompañando el mensaje con datos sobre la pobreza (53% en 2024) y la lenta recuperación económica.
Por su parte, el excanciller Santiago Cafiero fue aún más tajante: «Es aberrante que un presidente argentino no condene la usurpación británica y omita los pilares del reclamo internacional. Esto es traición a la patria». Cafiero, junto a otros dirigentes peronistas, cuestionó la viabilidad de la propuesta de Milei en un contexto de crisis económica y debilitamiento de las Fuerzas Armadas, que el propio gobierno ha reconocido.
Veteranos y Tierra del Fuego también alzan la voz
Las críticas no se limitaron a la clase política. En Ushuaia, donde la vicepresidenta Victoria Villarruel encabezó un acto paralelo, el veterano Juan Carlos Parodi, titular del Centro de Excombatientes de Malvinas, rechazó los dichos de Milei: «No corresponde para nada. Los kelpers no son un pueblo originario con derecho a autodeterminación, son colonos británicos. Queremos las islas de vuelta, no seducir a sus ocupantes».
El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, también se sumó al repudio: «Son habitantes ilegítimos. Sueño con que se vayan de una vez, no con que nos elijan. Milei no entiende lo que significa Malvinas para los argentinos».
Un gobierno a la defensiva
Ante la ola de críticas, el gobierno salió a respaldar al presidente. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, negó que Milei haya avalado la autodeterminación de los kelpers y afirmó que su intención fue «plantear una estrategia superadora». Sin embargo, la falta de claridad en el discurso y la ausencia de una condena explícita a Reino Unido dejaron al oficialismo en una posición incómoda, especialmente en un día de alta carga simbólica para la sociedad argentina.
Con este nuevo capítulo, Milei suma un frente más a su lista de confrontaciones, en un año que promete ser clave para su gestión. La pregunta que queda en el aire es si su apuesta por un enfoque disruptivo logrará adeptos o si, por el contrario, consolidará la percepción de que su liderazgo carece de anclaje en las causas históricas del país.